Para mí, de todo esto se cumple ahora un año. Aunque sé que sólo es para mí.
Cada día lo tengo más claro.

Esta noche hasta he tomado la decisión, unilatelalmente, de romper. De terminar con toda esta historia que no me lleva a ninguna parte, pero que me tiene extrañamente atada desde eso, hace un año. Habíamos quedado: una cita más de ésas que luego se aplazan ó cancelan ó..., ó que más da, pero esta vez me había repetido tantas veces que no iba a cancelarla... que hasta me lo había creído. Absurda fé. Por supuesto, ha vuelto a hacerlo. Por sms, como ya viene a ser habitual. Que le llamase esta noche... si quería. Sabiendo de antemano que claro que iba a llamarle, sabiéndolo los dos.

Y de pronto, tras todo el día teniendo la seguidad de que claro que le llamaría, y me volvería a dar esas excusas que en otra persona no me creería, pero que en él ni me cuestiono, y volveríamos a quedar, y..., de pronto, he decidido que se terminó. Que no le iba a llamar...
Y he resistido hasta casi las doce y media de la noche. Y al final, le he llamado. Y ya no hacen falta ni siquiera excusas, qué más da.
Y hemos vuelto a quedar..., ó, más bien, ha vuelto a quedar conmigo para el próximo viernes. Imposible a estas alturas poder calcular cuantas veces, cuantos viernes, hemos quedado estos últimas semanas... para, en los casi cuatro últimos meses, habernos visto tres veces. No, no es una forma de hablar ni una frase hecha: tres veces, justas, desde principios de diciembre. ¿Ocasiones planificadas? Ya digo: imposible calcularlas. Todos y cada uno de los viernes transcurridos desde entonces. Y lunes, y martes, y... Y todos y cada uno de ellos, salvo tres, aplazados. Cancelados para pasar a ser un aplazamiento.

Y... yo que sé. Hemos vuelto a quedar. Ha vuelto a hacerse sus planes y a confirmar 'sí, seguro que sí, seguro que no fallo', su cita conmigo el próximo viernes. Y yo, en estos momentos, claro que me lo creo... Como me he creido cada una de sus confirmaciones. Como, hasta las doce menos diez del mediodía de hoy, claro que me había creido la de esta noche.
Da igual.
Quizá la novedad sea que esta noche sí he estado casi segura de que no volvería a llamarle: algo que hace unos días ni me habría podido plantear. No he sido capaz... pero sé que puedo serlo.

Y es que su cancelación de hoy no ha empezado a dolerme hasta media tarde: otra novedad. Igual es que me estoy acostumbrando. Y es el primer paso para no necesitarle. Y podría ser el primer paso para, también, descubrir que estoy empezando a dejar de 'sentir' por él. De sentir al menos esta necesidad extraña de algo que ya ni siquiera puede ser necesidad física de estar con él: es complicado seguir añorando la presencia física de a quien no sé vé desde hace semanas.  E igual, si de veras consigo verle... qué sé yo, una semana de éstas, de pronto descubro que ya no, que no me apetece estar con él. Que ya no me apetece su cuerpo, porque no lo reconozco. Porque no identifico en él lo que cada vez es más, en mi vida, apenas una voz al otro lado del teléfono. Una voz que escucho unas horas a la semana porque al final claudico y dejo de resistirme y le llamo.

Estos días, para mí, se cumple el primer aniversario del comienzo de todo esto. Pero sólo es 'para mí' para quien se cumple. Y no sé hasta qué punto es bueno 'conmemorar' aniversarios de algo que, aunque para mí sea el comienzo de una relación con alguien... sólo me importe a mí. No: no es bueno ni es lógico.
Igual sería buena idea empezar a soltar amarras. Alejarme de él. Total, cada día la sensación de que él ya está lejos es más y más intensa.