Otra semana más sin vernos.
Supongo que con el paso de los días, las semanas..., hasta los meses, me voy acostumbrando. Lo difícil ya ha pasado: habituarme a no verle a diario. Y..., y las largas conversaciones telefónicas también me ayudan, supongo. Fue peor en esa etapa intermedia en que ó nos veíamos... ó no sabía apenas nada de él. Ó sin el 'apenas': no sabía nada de él. Durante días. Ahora y desde este otoño..., creo que mediados de septiembre, si el 'mono' me ataca con demasiada fuerza, sé que puedo llamarle. Y hablar largo tiempo con él.

Como el jueves, en que confirmé que no, que tampoco esta semana podríamos vernos. Y como anoche, que ya era domingo cuando le llamé. Hablar con él es..., no, no es un sucedáneo de su presencia. Es otra forma de estar juntos. Entre nosotros y hasta que me dí cuenta de que había 'algo más' y luego ese 'algo más' fue mútuo (ó, al menos, pasó a tener el sabor de su cuerpo), hubo muchas palabras. Horas de palabras dichas y escuchadas.
Lo que hay ahora, básicamente.

Voy llevándolo bien. Al menos mejor que hace unos meses, en que todo eran promesas veladas...ó ni siquiera eso. En que era una necesidad casi absurda por mi parte de estar con él. De tenerle cerca, al margen de si esa proximidad se traduciría un día en 'algo'.
Imagino que es, simplemente, eso: me he hecho a la idea. A todo se acostumbra una.

En principio, está proyectado que esta semana nos veamos. Y así lo creo. Y estoy segura.
Pero luego vuelvo a recordar... que esta pasada semana también era 'algo seguro'. Y que lo fue tantas veces. Y que sus sms 'desconfirmando' citas son casi parte de la relación.

Y es que, posiblemente, necesito creerme que sí; que esta vez, sí. Necesito agarrarme a esa mínima posibilidad para que los días se me pasen más deprisa. Quizás estoy marcando el tiempo de ese modo: apenas acabo de hablar con él y ya he prefijado (incluso lo hemos 'prefijado' ambos) qué día volveremos a hablar. Y entonces todo pasa a ser, siquiera inconscientemente, el tiempo que falta para esa 'siguiente vez'. Y los días que faltan para que, 'esta vez, seguro', nos veamos.
Y pasan así las semanas. De aplazamiento en aplazamiento. Con horas de conversación telefónica.

En fin: esto es lo que hay. Y tendré que conformarme. Eso, ó dejar de esperarle. Y para eso, no: no estoy preparada.