Contar. Contarme.
Querer y que no te quieran es doloroso pero, por desgracia, posible y hasta frecuente.
Podemos seguir queriendo a quien nos quiso y ya no nos quiere.
Podemos querer de forma inevitable a quien no nos ha querido nunca, incluso si estuvo alguna vez con nosotros y se suponía que era nuestra pareja.
Podemos, incluso, desear y querer, ó creer querer, a quien igual ni sospecha de nuestro deseo.
Hasta a quien ni nos conoce ni nos conocerá nunca y, en el fondo, nosotros también sabemos que será así.
Todo esto duele. Incluso es posible que nos cueste asimilarlo, que luchemos contra la realidad e intentemos que esa persona nos quiera. Duele más cuando un día nos quiso, y lo sabemos, y no entendemos qué pasó, qué hicimos mal, cómo volver a aquella situación que nos hacía sentirnos bien. En muchas ocasiones terminamos por adornar tanto el recuerdo... que olvidamos que si aquello se rompió fue porque no éramos tan felices...
Creo que todos, en algún momento, hemos pasado por esto. Que no nos quiera quien queremos ó a quien nosotros sí queremos.
En algunos caso, se 'pasa' enseguida. Esos amores pasajeros, ése 'un clavo saca otro clavo', ese amor platónico que, en el fondo, se sabe irrealizable... y que, por eso, puede ser eterno y compatible con otros amores más reales y carnales. Y ésos, que el tiempo irá suavizando hasta que dejan de doler, hasta quedarse en algún punto del recuerdo. No dejaremos de querer ni, quizá, de desear. Pero ya no será angustia. Ya podremos vivir no sólo sin esa persona, si no sin el propio deseo de quererle y ser queridos.
Todo esto es, como digo, posible, probable, frecuente. Está ahí.
Pero... ¿cómo se arregla lo que rompimos antes de llegar a tener? ¿lo que matamos antes de permitir aceptar que sería parte de nuestra realidad?
¿Cómo intentar, siquiera, rectificar un error que no éramos conscientes de estar cometiendo? ¿Cómo, cómo se vuelve atrás para recuperar algo que rechazamos y que ya, nunca, se podrá tener... porque las circunstancias aquellas ahora son otras, porque sabemos que era precisamente en aquel contexto cuando las cosas habían surgido y en aquel donde podría ser... y no quisimos?
Es curioso que un problema que no existe, porque no permitimos que existiera esa realidad, sea realmente un problema. Que el recuerdo de algo que no permitimos que pasara, de pronto, nos asalte en ese momento de repentino despertar por la noche, entre sueño absurdo y sueño olvidado. Es curioso desear que hubiera pasado lo que nos negamos a siquiera aceptar que podría ser.
Es curioso, sí. E ilógico. Y no sé, en realidad, qué estoy queriendo contar y contarme.
Ó igual sí lo sé. Y por primera vez en mi vida, yo, que casi 'vivo' de las palabras, que vivo con ellas, que son mis alidas, que me acompañan desde siempre, que hasta mis silencios están llenos de palabras: escritas, leídas, escuchadas..., por primera vez tengo miedo de leer lo que quisiera ser capaz de escribir, contarme y contar. E, igual, hasta contarle...
